jueves, 18 de octubre de 2012

UN PAIS MEDIOCRE 3

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general.
Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.
Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana.
Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.
Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros.
Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.
Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado, nada menos que 1 de cada 3 no acaba los estudios.
Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que, sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.
Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional,
perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad, y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones:

Marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

viernes, 12 de octubre de 2012

miércoles, 3 de octubre de 2012

REFLEXIONES VOL 2

Pi pi pi pi pi pi pi pi pi. Apago el despertador y enciendo mi realidad. Mi puta y triste realidad. Un día más. Otro día más enfangado en la ciénaga que no se acaba nunca. Supongo que muchas veces o alguna vez en nuestra triste y miserable vida nos habremos hecho esta pregunta. ¿Para qué coño y por qué razón estaré viviendo en este puto mundo de mierda?  Es una de esas preguntas que por más que pienses en ella nunca encontrarás una respuesta. Solo echar un vistazo a cualquier cosa para comprender la mediocre existencia del ser humano. Si su presupuesto les da para viajar en metro, prueben a ver los caretos de la gente a las 7 de la mañana. Toda una belleza de caras. Lástima de foto. Y es que nos tiramos toda la vida buscando una felicidad irreal ¿Y la encontramos? Supongo que a nuestra manera hacemos lo que podemos pero en el fondo a la larga caemos en la cuenta de que no somos más que unos pobres desgraciados  que se conforman con lo que hay. Y como solemos oír a todo el mundo decir “la vida es así”. 
El cielo es azul, el sol sale todas las mañanas, hoy es el primer día del resto de tu vida, todo el monte es orégano ¡mierda puta! Gilipolleces varias elevadas a la máxima potencia para autoengañarnos y maltirar asquerosamente día tras día. Y así ostia tras ostia, guantazo tras guantazo, revés tras revés, desengaño tras desengaño, vamos autorealizandonos en el fango del lodo apestoso de nuestras miserias incomprensibles. Y por más que busquemos no hay salida. Caminamos muy lentamente por el filo de la navaja, al borde del precipicio,  tratando de no resbalar, pero es inútil, al final siempre se sucumbe. Y acabas absorbido por los maravillosos “valores” que emanan de esta sociedad podrida. Puedes resistirte por algún tiempo pero sabes que daría lo mismo, formas parte de ella. Aceptarlo es mejor, se sufre menos. Porque ¿Qué se puede esperar de esta vida o de la misma sociedad en la que vivimos? Poca cosa. Nada bueno puede venir del futuro que estamos sembrando hoy. Fíjense sino en todo lo que está pasando. La educación por ejemplo, quizá es donde más se debería de haber invertido y llegado a un consenso amplio entre fuerzas políticas, mantener al margen ideologías e intereses particulares y de partido político, sin duda nos habríamos ahorrado muchos problemas laborales y sociales, pero precisamente ahí es donde más se recorta y manipula por parte del gobierno de turno. Piensen que desde la llegada de la democracia cada gobierno que ha accedido al poder ha hecho su reforma educativa a medida. Y ya vamos por la séptima. La educación, la verdadera base sobre la que una sociedad avanza y progresa y ahí la tienen. Sufrimos la mayor tasa de abandono escolar y de fracaso, no es por casualidad. Es la herencia que hoy dejamos a las generaciones futuras. Fíjense si este país da lástima y pena, que entre otras muchas cosas, hemos conseguido dividir hasta las victimas del terrorismo, en victimas de derechas y de izquierdas. Por lo tanto ¿Qué se puede esperar del él? ¿En qué valores educamos? ¿Para qué traer niños al mundo si este los va a corromper? Acabarán siendo unos sinvergüenzas y unos pobres infelices. Lo que son hoy día. Pude  comprobarlo en las recientes  concentraciones del llamado 25S.
“Tanto tienes tanto vales”, ese es uno de los lemas de esta generación. El otro día una compañera de trabajo me presentó a una amiga suya, estaba en el paro desde hace casi 2 años y hablando un poco de todo entre otras cosas me enseñaba su móvil, un IPhone de esos, cámara de no sé cuántos megapíxeles, internet, whassat, vamos la polla con cebolla. Estaba pesarosa porque todavía no había podido hacerse con el nuevo IPhone 5. Yo para consolarla le enseñé el mío, el viejo pero muy útil Samsung e1120, de 3 años y medio. Puedes hablar, mandar sms y gracias. Pero no necesito más. Entonces me lanzó una mirada entre sorprendida y hosca y a partir de ahí se dedicó a ignorarme. Mi colega me lanzó una mirada de resignación. Antes de esto nos pasamos los números y dijo que ya me llamaría y hasta hoy. De esto hace ya casi 3 meses. Si amigos estas personas existen fruto de esta sociedad enfermiza que nos inculca estos “valores” de mierda. Ella no tiene la culpa de ser como es, suficiente desgracia tiene la pobre. Yo la veo más bien como una víctima. Una más, de entre cientos de miles de este triste y corrompido país materialista e hipócrita de usureros y ladrones. Y así es como estamos sembrando el presente para construir el futuro, porque visto lo visto somos nosotros mismos nuestro peor enemigo.